El Club Deportivo Bala Azul vivió ayer por la tarde uno de los partidos más duros de la temporada. El Cieza, principal candidato al ascenso, visitaba el Playasol en una lluviosa tarde de enero marcada por las decisiones arbitrales que, sin dudar, determinaron el devenir del partido.
Omitiendo factores externos, el partido fue espectacular en algunos tramos: dos equipos valientes, buscando hacerse daño de todas las maneras posibles, pero con la moneda cayendo siempre al mismo lado. Los visitantes se adelantaron en los primeros minutos tras una clarísima falta a Tomás que fue derribado antes de que Domi cogiera el balón y anotara un golazo al palo corto.
Un mal comienzo para el que fue un mal final. A raíz de eso, comenzaron a mostrarse tarjetas de forma reiterada, la mayoría sin justificación, aumentando la frustración de todos los que asistieron al Playasol esa fría tarde.
Pese a los obstáculos, el Bala se repuso y consiguió ser superior al Cieza en el primer acto, con una ocasión clara en falta directa de Andrés Sánchez que sacó Gallego de forma magistral en la mismísima escuadra.
El Bala competía con orgullo y dignidad pero siendo limitado continuamente por las decisiones que se tomaban. Un ejercicio de paciencia y estabilidad emocional poder competir tan bien pese a las circunstancias y llegando tras dos derrotas consecutivas.
La segunda mitad no empezó bien y es que el Cieza hizo valer su calidad individual en una acción de Esteban que recogió un balón lejos de la portería y conectó un disparo imparable para Emilio.
Con el 0-2 y con las decisiones cayendo del mismo lado, el Bala, lejos de frustrarse, cogió el timón del partido y no tardó en recortar distancias por mediación de López con un imperial cabezazo a la salida de un balón parado con más de 30′ de partido por delante.
Esta última fase del juego fue repetitiva: el Bala intentando buscar el empate, con ocasiones muy claras, el Cieza perdiendo el máximo tiempo posible y el trío arbitral permitiéndolo, no solo sin consecuencias sino sin tan siquiera advertencias.
Pero hubo una jugada que determinó el partido: un penalti clarísimo. Una mano que vio todo el campo salvo el árbitro y la linier que no estaban a más de 5 metros de la acción.
Poco más que añadir tras eso, el Bala siguió intentándolo y Gallego siguió parando sin cesar. No se puede reprochar nada al equipo, ya que en circunstancias normales hubiera ganado o mínimo empatado este partido.
En la segunda mitad se jugó entre poco y nada, y lo poco que se hizo fue con el Bala buscando puntuar. Los 7 minutos de descuento se quedan cortos y así lo atestiguan las ovaciones y celebración del banquillo visitante al indicar el trencilla el descuento.
Por nuestra parte poco más que añadir. Nada que reprochar a los nuestros que compitieron con orgullo y dignidad y que se merecieron ganar. Hay partidos en los que por circunstancias no se puede hacer más. El domingo nos vemos en Caravaca, afición.